El comienzo

Siempre me había preguntado cómo podía hacer que mis padres se sintiesen orgullosos de mí. Intentaba sacar mejores notas, tener inquietudes, aprender a tocar instrumentos, leer muchos libros, ser la que más supiera de todo, que no tuvieran que preocuparse de mí, no llegar borracha a casa, que no me viesen con malas compañías, solucionar los problemas yo solita sin tener que recurrir a ellos, no gastar mucho de su dinero, trabajar pronto para no depender de ellos, no tener aspiraciones irreales ni vicios caros0… Pero todo fue inútil.

Luego, llegas a los 26 años y te das cuenta de que los padres pueden estar orgullosos por los motivos más variopintos y que incluso, todo aquello que creías que les haría sentir que tenían a la hija más maravillosa del mundo, causaba justo el efecto contrario. Y entonces, es cuando descubres, viendo la tele en un hotel de París (la ciudad) que con dinero, todo se arregla y que hasta los padres de Paris Hilton

están ¡orgullosos de su hija! 
Así que el otro día, he decido con mis amigas, que ya que tengo un modelo a seguir, debería tener un nombre con pompa comparable al de mi querida Paris. Después de sopesar varias opciones: Raquel Nh, Raquel Novotel, Raquel Hesperia, Raquel AC, Raquel Sol-Meliá… decidimos que lo más ármónico y con más solera era Raquel Ritz. Así que con ese nombre me he quedado para ir aprendiendo a ser de la «beautiful people». Eso sí, yo no tengo guardaespaldas que me sujete el bolso cuando estoy borracha, pero todo se andará.

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