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| Arbeit macht frei |
El Arbeit macht frei (el trabajo os hace libres) que te recibe en la puerta de entrada, no es una buena carta de presentación. El frío que se te cala en los huesos tampoco y te hace pensar cómo esa pobre gente pudo soportar tan bajas temperaturas, por no hablar ya de las atrocidades, desprovistos de abrigo, pasando hambre y enfermos. Una ironía que ni dejando sus vidas en el trabajo, consiguieran ser libres.
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| una de las torres de control |
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| alambrada y más alambrada |
Actualmente están convertidos en Museo, organismo que se encarga de atesorar todos los edificios (155), ruinas (más de 300), objetos personales y fichas de reclusos, los 13 kilómetros de alambrada, árboles, carreteras, raíles, etc… que quedaron después de la huída de los alemanes.
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| algunos de los edificios de oficinas y experimentos |
El campo se abrió en mayo de 1940 y no cerró sus puertas hasta el 27 de enero de 1945, cuando los soviéticos liberaron a los prisioneros.
Pero los que se libraban de los experimentos no corrían mejor suerte. Las duras condiciones de trabajo, junto con la desnutrición y la falta de higiene, hacían que la tasa de mortalidad entre los prisioneros fuera muy elevada.
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| algunos de los 80.000 zapatos que se conservan |
Algunos prisioneros eran nombrados kapos o sonderkommandos por las SS. Los kapos se encargaban principalmente de vigilar a los demás reclusos y normalmente habían sido criminales de origen alemán. Los sonderkommandos se encargaban de pasar los cuerpos de los gaseados al crematorio y despojarlos de objetos de valor. Ambos grupos gozaban de privilegios, aunque esto no les libraba de la muerte, ya que eran matados y renovados periódicamente. Tras las investigaciones en los años posteriores, se llegó a la conclusión de que estas personas no tenían más remedio que aceptar lo que les proponían, teniendo así impunidad legal en los juicios celebrados posteriormente.
Parte de las instalaciones fueron destruidas en los meses anteriores a la llegada de los soviéticos para intentar no dejar rastro de lo que allí había sucedido. Los nazis no querían que el mundo supiera que entre 1.5 y 4 millones de personas murieron el campo esclavizados, enfermos, desnutridos o exterminados.
Pero los soviéticos encontraron miles de supervivientes y muchas, muchísimas pertenencias de las personas que por allí pasaron: ropa, cepillos, pelo humano, muñecas, zapatos, gafas, maletas…
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